Los desequilibrios interiores, que hacen al hombre comportarse irracionalmente, ponen en peligro el desarrollo de la vida de miles de niños y niñas que caen a diario en el abismo de la prostitución.
La alegría que causa ver a un grupo de pequeños jugando en un parque nos llena de emoción, pero a la vez nos hace reflexionar sobre la posibilidad de que algún día, esos niños no sean tan felices como lo son en ese momento. Tampoco podemos desconocer que mientras ellos juegan pueden estar rodeados de algunos adultos inescrupulosos que los espían con otras intenciones.Las personas que buscan sexo con niños y niñas no se diferencian en apariencia de los demás. El delincuente sexual, aunque no tiene una tipología definida, para sicólogos, siquiatras y sociólogos se trata de personas que afrontan desequilibrios interiores.
En Colombia, los índices de prostitución siguen en aumento y ya superan las cifras que las estadísticas oficiales insisten en difundir. El problema de abuso a menores y su prostitución se ha vuelto más apremiante cada vez. Entonces, surge la pregunta: ¿cómo preservar la felicidad de estos niños y niñas y la vida misma de millones de seres humanos?
Visitamos algunos de los lugares en Bogotá, donde centenares de niños y niñas, entre los 13 y los 16 años, ofrecen sus “servicios”, mientras otros deambulan por las calles en busca de clientes con quien pasar el rato, y constatamos cómo se prostituyen a plena luz del día.
Aunque el testimonio de cada niño es desgarrador, es nuestro deber advertir que muchos sí están buscando la manera de salir de este sórdido mundo que los mantiene aprisionados.
Martha Libia* es una adolescente que llegó de niña a Bogotá procedente de Calarcá (Quindío) y quien el próximo mes cumplirá 16 años. Vino a trabajar a una casa cuidando niños, pero cuando llegó al Terminal de Transporte, nadie la estaba esperando. Desde ese día comenzó su tragedia, luego que un hombre de unos 30 años se le acercó y le propuso ayudarla. “No podía creer lo que estaba pasando, el hombre me llevó a un lugar en el sur de la ciudad y abusó de mí en varias ocasiones, me golpeó”. Nos dice… Semanas después ya estaba en la calle cobrando por su compañía sexual. “He querido regresar a mi casa, pero pienso que es muy difícil que mi mamá me reciba; además, allá no hay nada que hacer, porque ella vive con cuatro hermanos más y son muy pobres”, afirma con pesar, aunque luego sonríe.
Luego de hablar con varios de los niños afectados, después de comprometernos a que no revelaríamos sus nombres, sólo tres de las niñas que hoy se prostituyen en el barrio Santafé comentaron sus penurias. Pudimos constatar que el problema de la prostitución infantil en menores de edad de ambos sexos va en aumento.
Según la ONG Renacer, que trabaja por sacar de esta difícil situación a los niños que han caído en la prostitución o que les han sido violados sus derechos; el abuso sexual es muy difícil de castigar por la renuencia de las víctimas a revelar la forma cómo han sido abusadas.
Todas estas víctimas con el correr del tiempo entran a engrosar ese mundo de miseria y desesperanza. De ahí que las cifras de aborto y las violaciones, cada día, lejos de disminuir, van en aumento.
En ciudades como Medellín, Armenia, Pereyra y Cali se dan bandas de traficantes de niños para la prostitución, acechando en los colegios y escuelas para aprovecharse de ellos que luego son traficados hacia países como España, Japón, Holanda, entre otros, donde son tratados como esclavos. Muchos son engañados con falsas promesas de trabajo, algunos viajan por voluntad propia en busca de dinero o ilusionados por una mejor forma de vida.
Los hay que regresan a su lugar de origen y abandonan ese trabajo, pero la gran mayoría se queda a vivir del negocio en el exterior.
Hablan las cifras
En el evento de los niños abusados, los estudios muestran que en América Latina el 70 y el 80% de las víctimas son niñas, donde en un 75% de los casos registrados el responsable de los abusos es un familiar. Los principales responsables de esos delitos tienen que ver con el padre, el tío o el hermano. El rango más afectado está entre los 10 y 14 años con el 37% del total, seguido por el de 5 a 9 años con el 25%, de 15 a 17 años con el 14% y de 1 a 4 años con el 10%, en el 78% de los casos reportados el agresor es conocido del niño o la niña.